lunes, 20 de octubre de 2008

Una cicatriz rusa en el rostro de la Habana Vieja.

Ningùn cubano demòcrata cuestiona el derecho de los creyentes ortodoxos residentes en Cuba a tener un lugar para practicar su religiòn; pero lo que no podìa imaginar era la grotesca violaciòn que se provocarìa a la cubanidad y al patrimonio habanero con la construcciòn e inauguraciòn de la catedral ortodoxa rusa, en uno de nuestros centros coloniales històricos y culturales màs importante de la naciòn, la Habana Vieja.

Esta es otra de las tantas manifestaciones de prepotencia de la clase dirigente cubana, en particular de Fidel Castro que decidiò cuando y dònde establecer este centro sin consultar a la opiniòn pùblica. Pero lo que màs asombra es la complicidad y sumisiòn de Eusebio Leal en esta cuestiòn, una persona que se habìa ganado el respeto de todos los cubanos por su defensa al patrimonio cultural de la Habana.

Es difìcil imaginar alguna justificaciòn por parte del historiador de la Habana para aceptar la construcciòn en pleno corazòn de la Habana Vieja de un centro religioso ajeno a la historia y la cultura cubana. Con esta obra que rompe con la armonìa del estilo colonial y la historia del pueblo habanero, una de las principales motivaciones por lo cual la UNESCO la declarò Patrimonio de la Humanidad, Eusebio Leal ha erosionado sensiblemente la credibilidad polìtica que se habìa ganado como personalidad independiente y defensor del patrimonio de la Ciudad de la Habana.

El reclamo de un centro para la pràctica de la religiòn ortodoxa en Cuba tiene su base en el nacimiento de nùmerosas familias ruso cubanas a partir de 1975, cuando comenzò el llamado perìodo de sovietizaciòn de la sociedad cubana (estructura del estado, el partido, las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior similares a las vigentes en la URSS, invasiòn de la cultura soviètica en particular en la televisiòn y el cine, institucionalizaciòn burocràtica del aparato administrativo gubernamental, entre otros) asì como con el envìo de contigentes de jòvenes cubanos a estudiar en las universidades en la URSS ò formarse como obreros especializados o tècnicos en los centros de trabajo sovièticos, y trabajar como leñadores en la zona de la Siberia.

Si deseaban construir una catedral ortodoxa en Cuba, pod
ìan seleccionar otra zona de la capital; preferiblemente el barrio de Miramar o el reparto Siboney, donde residen mucho ciudadanos rusos y familias ruso cubanas. Al menos en la zona de Miramar, una iglesia ortodoxa podìa contrarrestar un poco la grotesca, horrenda y prepotente edificaciòn estilo tosco soviètico que es la ex- Embajada de la URSS en la Habana, heredada por la Federaciòn Rusa despuès de la desapariciòn del Estado Soviètico.

Hoy Eusebio Leal, en lugar de festejar y sentirse orgulloso, debìa mostrar una gran verguenza por la cicatriz que le ha provocado al rostro de la Habana Vieja. Ese templo tiene derecho a ser edificado en Cuba, pero no en el centro històrico de la capital. Y para colmo del desatino, ha sido inaugurada la vìspera del declarado dìa oficialista de la cultura cubana. De Fidel Castro no me espero reconozca semejante error, de Eusebio tengo todavìa, al menos esa esperanza.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Todo, todo, todito en Cuba no es obra del azar, sino de una estrategia oportunista.
Mi padre me enseño que en política el oportunista es el enemigo a vencer.
Y del oportunismo político el gobierno cubano es un maestro consumado.
Quiero pensar, y con ello le doy mi voto de confianza, que Eusebio si defendió la integridad del patrimonio de la Habana, mas que le ganaron en mala lid. De seguro fue en una gran pelea, sólo que entre mono y tigre. ¿y el público? Los que estaban presenten como fieles servidores aplaudían la victoria pírrica, el resto no se entero.