Al escuchar la noticia del estreno de la pelìcula cubana “Cangamba”, y leyendo los interesantes y valiosos comentarios del artìculo "La guerra màs larga" de Yoanis Sànchez en su blog Generaciòn Y, considerè oportuno publicar los dos trabajos que habìa realizado sobre la participaciòn de Cuba en la Guerra en Angola, ese hecho tan sensible y polèmico en la vida del pueblo cubano.
Una tragedia del pueblo cubano.
Miles de familias cubanas nunca imaginaron vivir un dìa el dilema ante sì, de ver partir a uno de sus familiares cercanos a participar en una guerra fuera de su territorio nacional, separados por miles de kilòmetros, por el simple hecho de encontrarse su paìs, por cierto protagonismo mundial de Fidel Castro y los intereses geopolìticos sovièticos, en medio de ese tablero de la guerra frìa, donde los jugadores eran las superpotencias; y una de las piezas en juego a sacrificar era el pueblo cubano.
Segùn las estadìstas oficiales cubanas, cerca de 3000 cubanos perdieron la vida en acciones militares en Angola (la opiniòn generalizada de los que participaron, es que la cifra es significativamente màs elevada), pero si ello fuera totalmente cierto, debe considerarse como mìnimo que 12,000 cubanos resultaron heridos (este ùltimo dato jamàs ha sido reconocido oficialmente). Cuando hablamos de heridos, pueden ser personas con serias mutilaciones de extremidades, de profundos traumas fìsicos y mentales, algunos incluso insuperables.
Pero la tragedìa no se limita a los muertos y heridos, las familias cubanas vivieron en el temor y la preocupaciòn constante durante esos 15 años, bien porque algunos de sus miembros podìan ser elegidos o estaban participando en esas guerras. En silencio muchos cubanos vivìan, como se dice en la Isla, con el corazòn en la boca y ansiosos por el fìnal de un impuesto conflicto militar fuera de su suelo natal.
La participaciòn en la guerra en Angola fue otra de las decisiones no consultadas con el pueblo. Ni el gobierno cubano ni Fidel Castro tuvieron el valor de consultar a sus organizaciones de bases del Partido y la UJC, a sus sindicatos oficialistas, ni a sus organizaciones de masas como los CDR y la FMC, pues temìan un posible rechazo de la poblaciòn a la idea de involucrar a Cuba en una guerra totalmente ajena.
Por ello, esperaron de manera oportunista, la inauguraciòn del Primer Congreso del Partido para informar oficialmente a la poblaciòn la presencia de tropas cubanas en el conflicto en Angola. En lugar de consultar, comunicaron un hecho consumado en los oscuros pasillos del gobierno; pero manipulado desde sus inicios con la invenciòn del saldo de cierta deuda històrica del pueblo cubano con la humanidad, y en particular, con los antepasados africanos.
De repente, el pueblo cubano, con una tradicional vocaciòn hacia la convivencia pacìfica con otras naciones y la convicciòn que solamente se debìa participar en la guerra en defensa del propio territorio ante la invasiòn de un agresor extranjero, no lograba entender por què su paìs y sus ciudadanos estaban involucrado en un conflicto totalmente ajeno, fuera de su territorio nacional.
El silencio, la pasividad y resignaciòn del pueblo cubano ante la guerra en Angola no sòlo fue un gran pecado que tuvo que pagar con grandes sacrificios y sufrimientos; sino ademàs, un aliento a la impunidad del gobierno para la participaciòn aventurera e irresponsable en otras guerras en Africa como en Etiopìa y Mozambique. El pueblo cubano, aturdido con tanto adoctrinamiento y propaganda oficialista, no comprendiò que la guerra es, al mismo tiempo, la muerte de la polìtica y la polìtica de la muerte.
Segùn las estadìstas oficiales cubanas, cerca de 3000 cubanos perdieron la vida en acciones militares en Angola (la opiniòn generalizada de los que participaron, es que la cifra es significativamente màs elevada), pero si ello fuera totalmente cierto, debe considerarse como mìnimo que 12,000 cubanos resultaron heridos (este ùltimo dato jamàs ha sido reconocido oficialmente). Cuando hablamos de heridos, pueden ser personas con serias mutilaciones de extremidades, de profundos traumas fìsicos y mentales, algunos incluso insuperables.
Pero la tragedìa no se limita a los muertos y heridos, las familias cubanas vivieron en el temor y la preocupaciòn constante durante esos 15 años, bien porque algunos de sus miembros podìan ser elegidos o estaban participando en esas guerras. En silencio muchos cubanos vivìan, como se dice en la Isla, con el corazòn en la boca y ansiosos por el fìnal de un impuesto conflicto militar fuera de su suelo natal.
La participaciòn en la guerra en Angola fue otra de las decisiones no consultadas con el pueblo. Ni el gobierno cubano ni Fidel Castro tuvieron el valor de consultar a sus organizaciones de bases del Partido y la UJC, a sus sindicatos oficialistas, ni a sus organizaciones de masas como los CDR y la FMC, pues temìan un posible rechazo de la poblaciòn a la idea de involucrar a Cuba en una guerra totalmente ajena.
Por ello, esperaron de manera oportunista, la inauguraciòn del Primer Congreso del Partido para informar oficialmente a la poblaciòn la presencia de tropas cubanas en el conflicto en Angola. En lugar de consultar, comunicaron un hecho consumado en los oscuros pasillos del gobierno; pero manipulado desde sus inicios con la invenciòn del saldo de cierta deuda històrica del pueblo cubano con la humanidad, y en particular, con los antepasados africanos.
De repente, el pueblo cubano, con una tradicional vocaciòn hacia la convivencia pacìfica con otras naciones y la convicciòn que solamente se debìa participar en la guerra en defensa del propio territorio ante la invasiòn de un agresor extranjero, no lograba entender por què su paìs y sus ciudadanos estaban involucrado en un conflicto totalmente ajeno, fuera de su territorio nacional.
El silencio, la pasividad y resignaciòn del pueblo cubano ante la guerra en Angola no sòlo fue un gran pecado que tuvo que pagar con grandes sacrificios y sufrimientos; sino ademàs, un aliento a la impunidad del gobierno para la participaciòn aventurera e irresponsable en otras guerras en Africa como en Etiopìa y Mozambique. El pueblo cubano, aturdido con tanto adoctrinamiento y propaganda oficialista, no comprendiò que la guerra es, al mismo tiempo, la muerte de la polìtica y la polìtica de la muerte.
La sociedad civil olvido exigir que todas las guerras en cualquier parte del mundo deben ser condenadas, pues la violencia no debe ser el medio para resolver las controversias entre naciones o fuerzas polìticas; que ningùn paìs tiene derecho a inmiscuirse en la soluciòn de los asuntos internos de otros o decidir quien debe estar en el poder, mucho menos a travès del uso de las armas.
El pueblo cubano no debe olvidar que la participaciòn de Cuba en las guerras de Angola, Mozambique, Etiopìa y en otros conflictos, con tropas o asesores militares, fueron una intromisiòn en los asuntos internos de esos paìses, que obedecieron a los intereses geopolìtico del expansionismo soviètico y a cierto protagonismo mundial de Fidel Castro.
Cuba pagò muy caro la tragedìa de esa aventura; por el bien de la naciòn, no debemos olvidar.
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