Lo prometido no es deuda, en apretada sintesis se exponen algunas consideraciones sobre los principales desaciertos del exilio cubano.
Primero, el màs grave, fue convertirnos en exiliados en lugar de haber enfrentado al sistema polìtico en nuestro paìs. Por desgracia, les dejamos el terreno y las manos libres para actuar segùn sus planes e intereses. La oposiciòn venezolana aprendiò muy bien de nuestros errores y nos està dando buenas lecciones de lucha democràtica, aunque el contexto polìtico internacional es muy diferente al vivido por el pueblo cubano durante la guerra frìa y una activa geopolìtica soviètica en la regiòn.
Primero, el màs grave, fue convertirnos en exiliados en lugar de haber enfrentado al sistema polìtico en nuestro paìs. Por desgracia, les dejamos el terreno y las manos libres para actuar segùn sus planes e intereses. La oposiciòn venezolana aprendiò muy bien de nuestros errores y nos està dando buenas lecciones de lucha democràtica, aunque el contexto polìtico internacional es muy diferente al vivido por el pueblo cubano durante la guerra frìa y una activa geopolìtica soviètica en la regiòn.
Segundo, haber permitido, y en algunos casos promovido o aceptado, que el problema cubano se identificarà como conflicto entre Estados Unidos y Cuba. El vìnculo estrecho del exilio tradicional con las administraciones norteamericanas ha sido habilmente manipulado por los gobernantes en la Isla para crear la sensaciòn y creencia en el pueblo y en el mundo que la cuestiòn cubana radica en el conflicto entre EEUU y Cuba, y no en la existencia de un gobierno autoritario, antidemocràtico.
Tercero, haber apoyado el embargo econòmico y un grupo de leyes ò sanciones norteamericanas como la Torricelli, la Helms-Burton y otras; lo cual ha sido utilizado por el gobierno cubano para justificar sus descalabros econòmicos y sociales; presentarse como victima acosada y bloqueada constantemente; y mostrar al exilio ante el pueblo y el mundo como antihumano, revanchista, anticubano y subordinado a la polìtica de Washington.
Cuarto: No oponerse a las restricciones de los viajes a Cuba de los cubanos y norteamericanos. Una avalancha sistemàtica de visitantes y familiares abrirìa el diàlogo, el intercambio de experiencias e ideas, y los controles policiales entrarìan en crisis. Ninguna persona demòcrata puede atentar contra los contactos o la reunificaciòn familiar. Estas son medidas tìpicas de las dictaduras.
Quinto: Abogar con insistencia por la no visita a Cuba con el argumento que favorecerìa entradas de recursos al règimen en la Isla. Todos los sistemas autoritarios temen al turismo, a todo lo que implica intercambio con el exterior porque anula sensiblemente la propaganda polìtica y el adoctrinamiento ideològico. Hoy sin provocarle estos problemas, le damos pasivamente un financiamiento al gobierno cubano con la aceptaciòn del tipo de cambio que aplican al envìo de las remesas, y no podemos contrarrestar activamente la propaganda oficialista en la Isla.
El exilio debe promover y luchar la cancelaciòn de la restricciòn de los viajes a Cuba que permitan una verdadera avalancha de turistas norteamericanos y de viajes familiares. Con esa masiva y directa presencia, y junto con nuestros familiares, podemos exigir de manera màs efectiva el respeto de todos nuestros derechos como cubanos y presionar al gobierno en la Isla al diàlogo, a las negociaciones por una verdadera apertura y transformaciòn de la sociedad.
Sexto: la ausencia de una cultura del debate; el predominio de los prejuicios polìticos; la negaciòn a cualquier contacto ò negociaciòn con el gobierno en la Isla. Todo esto ha provocado un gran vacìo polìtico, un aislamiento, un gran espacio para la impunidad del sistema polìtico cubano; y ha limitado sensiblemente nuestra influencia en el pueblo y nuestra capacidad de maniobras y propuestas.
Septimo: No entender que en Cuba por la presiòn de los controles policiales y polìticos, la gran mayorìa de la poblaciòn vive una doble moral, donde analiza critìca y disiente en silencio con el gobierno, pero en pùblico muestra un apoyo teatral. No podemos pretender acercarnos y ganar el apoyo de la poblaciòn, si a cada minuto los acusamos y cuestionamos, y tratamos descargar una enorme resposabilidad moral y polìtica del problema sobre ellos.
Octavo: No comprender que el pueblo en la Isla està bien instruido pero demasiado desinformado de la realidad mundial con tanta propaganda oficialista. El cubano medio mira con gran desconfianza el mundo y tiene gran temor hacia los posibles cambios. No se puede subestimar o ignorar el impacto de tantos años de desinformaciòn, y el lògico temor del ciudadano a las incertidumbres del futuro.
Nuestro mensaje no ha sido claro en cuanto a respetar una serie de servicios y conquistas sociales; aun con todas sus deficiencias y crisis, el cubano medio aprecia mucho estas garantìas. Debemos demostrar claramente con hechos y palabras que nuestros màximos intereses son la concordia y la reconciliaciòn, la reunificaciòn familiar, el bienestar y pròsperidad de la naciòn y del ciudadano.
Noveno: La pretensiòn de presentar los programas y estrategias elaborados por el exilio sobre la transiciòn en Cuba como recetas para cambiar y salvar a la Isla. Debemos comenzar a hablar de propuestas, ideas, sugerencias, y tener màs presentes los criterios y experiencias de la oposiciòn interna y de todos los residentes en la Isla.
Dècimo: Todavìa hoy nos cuesta gran trabajo ponernos de acuerdo para discutir, debatir y elaborar una estrategìa realista y comùn entre los exiliados o el exilio con los residentes en la Isla. Aùn predominan los prejuicios polìticos, el vicio de las descalificaciones, las acusaciones o cuestionamientos ante la divergencia de opiniones; la creencia a poseer la verdad y la soluciòn adecuada; aùn no se abandona la terrible costumbre de tratar al oponente como enemigos o potenciales enemigos. Estamos carente de una cultura y pràctica del diàlogo.
Estos diez puntos no son ni prentenden ser una receta, una crìtica incuestionable sobre algunos desaciertos de la labor del exilio tradicional; simplemente son consideraciones y valoraciones sobre su cuota de responsabilidad en la actual problemàtica cubana. En breve, hablaremos de la otra parte de la moneda: los errores de nuestros compatriotas en la Isla.
Sexto: la ausencia de una cultura del debate; el predominio de los prejuicios polìticos; la negaciòn a cualquier contacto ò negociaciòn con el gobierno en la Isla. Todo esto ha provocado un gran vacìo polìtico, un aislamiento, un gran espacio para la impunidad del sistema polìtico cubano; y ha limitado sensiblemente nuestra influencia en el pueblo y nuestra capacidad de maniobras y propuestas.
Septimo: No entender que en Cuba por la presiòn de los controles policiales y polìticos, la gran mayorìa de la poblaciòn vive una doble moral, donde analiza critìca y disiente en silencio con el gobierno, pero en pùblico muestra un apoyo teatral. No podemos pretender acercarnos y ganar el apoyo de la poblaciòn, si a cada minuto los acusamos y cuestionamos, y tratamos descargar una enorme resposabilidad moral y polìtica del problema sobre ellos.
Octavo: No comprender que el pueblo en la Isla està bien instruido pero demasiado desinformado de la realidad mundial con tanta propaganda oficialista. El cubano medio mira con gran desconfianza el mundo y tiene gran temor hacia los posibles cambios. No se puede subestimar o ignorar el impacto de tantos años de desinformaciòn, y el lògico temor del ciudadano a las incertidumbres del futuro.
Nuestro mensaje no ha sido claro en cuanto a respetar una serie de servicios y conquistas sociales; aun con todas sus deficiencias y crisis, el cubano medio aprecia mucho estas garantìas. Debemos demostrar claramente con hechos y palabras que nuestros màximos intereses son la concordia y la reconciliaciòn, la reunificaciòn familiar, el bienestar y pròsperidad de la naciòn y del ciudadano.
Noveno: La pretensiòn de presentar los programas y estrategias elaborados por el exilio sobre la transiciòn en Cuba como recetas para cambiar y salvar a la Isla. Debemos comenzar a hablar de propuestas, ideas, sugerencias, y tener màs presentes los criterios y experiencias de la oposiciòn interna y de todos los residentes en la Isla.
Dècimo: Todavìa hoy nos cuesta gran trabajo ponernos de acuerdo para discutir, debatir y elaborar una estrategìa realista y comùn entre los exiliados o el exilio con los residentes en la Isla. Aùn predominan los prejuicios polìticos, el vicio de las descalificaciones, las acusaciones o cuestionamientos ante la divergencia de opiniones; la creencia a poseer la verdad y la soluciòn adecuada; aùn no se abandona la terrible costumbre de tratar al oponente como enemigos o potenciales enemigos. Estamos carente de una cultura y pràctica del diàlogo.
Estos diez puntos no son ni prentenden ser una receta, una crìtica incuestionable sobre algunos desaciertos de la labor del exilio tradicional; simplemente son consideraciones y valoraciones sobre su cuota de responsabilidad en la actual problemàtica cubana. En breve, hablaremos de la otra parte de la moneda: los errores de nuestros compatriotas en la Isla.
1 comentario:
Espero con ansiedad leer la otra cara de la moneda, porque de esta cara, de la cual hablaste, es 100% analítica y muy cierta. Nadie tiene la verdad absoluta en las manos, pero al menos éste análisis es un buen punto de partida.
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